Hay algo bastante satisfactorio en conseguir que un objeto se mueva solo.

Un lápiz que cruza la mesa. Unas tijeras que persiguen un trozo de papel. Una libreta que se abre como si tuviera algo importante que decir.

Y todo sin efectos especiales complicados.

Una cámara, unas cuantas fotografías y bastante paciencia. Sobre todo si decides que el lápiz tiene que recorrer toda la mesa.

El stop motion es una de esas técnicas que me gustan porque puedes empezar con algo muy sencillo y terminar creando escenas bastante inesperadas.

Además, tiene una particularidad interesante: te obliga a construir el movimiento desde cero. Tienes que decidir dónde empieza, cuánto avanza y qué ocurre entre una imagen y la siguiente.

En este artículo te voy a enseñar cómo hacer un stop motion con el móvil, qué materiales puedes utilizar y cómo crear tu primera animación paso a paso.

También recupero un videotutorial que grabé hace unos años, en el que animo algunos objetos de mi mesa de trabajo.

¿Qué es el stop motion y cómo funciona?

El stop motion es una técnica de animación que crea la ilusión de movimiento a partir de fotografías tomadas una detrás de otra.

Su funcionamiento es bastante sencillo.

Imagina que colocas un lápiz en el centro de una mesa.

Le haces una fotografía.

Después lo mueves un poquito hacia la derecha y haces otra.

Vuelves a moverlo y repites la operación.

Cuando reproduces todas esas fotografías seguidas, el lápiz parece desplazarse por sí solo.

Nosotros sabemos que alguien lo está moviendo entre foto y foto. Pero al ver la animación, desaparece la mano y aparece el movimiento.

Y ahí empieza lo divertido.

Porque puedes conseguir que un objeto haga cosas que normalmente no haría.

Una taza puede deslizarse hasta colocarse delante de ti. Un montón de papeles puede organizarse solo. Una naranja puede recorrer la cocina como si tuviera asuntos pendientes.

La técnica también permite crear personajes, transformar formas o inventar pequeñas escenas.

Lo interesante es que el resultado depende de las decisiones que tomas entre fotografías.

Si mueves un objeto muy poquito cada vez, puedes conseguir un desplazamiento más suave. Si lo mueves más, el movimiento será más brusco.

Y si empiezas a jugar deliberadamente con esas diferencias, puedes construir ritmos, comportamientos e incluso dar cierta personalidad a algo tan poco expresivo, en principio, como un lápiz.

¿Qué puedes animar con stop motion?

Prácticamente cualquier cosa que puedas modificar entre fotografías.

Y ni siquiera hace falta que sea un objeto especialmente interesante.

A veces, cuanto más cotidiano es, más sorprendente resulta verlo comportarse de una manera inesperada.

1. Objetos cotidianos

Esta es una de mis opciones favoritas para empezar.

Puedes utilizar lápices, tazas, cuadernos, tijeras, pequeños objetos decorativos o cualquier material que tengas por casa.

Por ejemplo, imagina una mesa llena de papeles desordenados. Poco a poco, los papeles empiezan a moverse hasta formar una composición.

O una libreta que se abre sola y deja aparecer una frase.

Trabajar con objetos reales tiene algo que me interesa especialmente: podemos darles un comportamiento sin necesidad de convertirlos en personajes tradicionales.

Basta con observar sus formas, sus posibilidades de movimiento y las relaciones que pueden establecer entre ellos.

2. PLASTILINA

La plastilina es uno de los materiales clásicos de esta técnica.

Puedes crear figuras, modificar sus expresiones y transformar sus formas entre fotografías.

Y como puedes remodelarla continuamente, también permite animar cambios que serían más difíciles con objetos rígidos.

Puedes comenzar con una bola de plastilina que avanza por una mesa y acaba convirtiéndose en otra cosa.

No hace falta construir un personaje elaborado desde el primer intento.

3. Muñecos y figuras articuladas

Si tienes muñecos con articulaciones, puedes utilizarlos para crear pequeñas secuencias.

Al modificar progresivamente la posición de brazos, piernas o cabeza, consigues que parezcan moverse.

Aquí conviene prestar especial atención al equilibrio.

Hay pocas cosas más entretenidas que colocar cuidadosamente un personaje, hacer doce fotografías y descubrir que acaba de caerse sobre el decorado.

Bueno, quizá no sea exactamente entretenido en ese momento.

4. Recortes de papel y fotografías

El stop motion también puede construirse con elementos planos.

Puedes utilizar ilustraciones, fotografías impresas, letras, texturas o recortes de revistas.

Esta variante se conoce como cut-out animation, o animación con recortes.

Me parece especialmente interesante para explorar composiciones, trabajar con símbolos o construir pequeñas narraciones gráficas.

Por ejemplo, puedes hacer que distintas palabras aparezcan, desaparezcan o cambien de lugar. O que una fotografía se vaya transformando a medida que introduces nuevos fragmentos.

5. Personas: la pixilación

Sí, también puedes hacer stop motion con personas.

Esta técnica se llama pixilación.

En lugar de mover objetos entre fotografías, es la persona quien cambia ligeramente de posición.

Así puedes conseguir que alguien se deslice por el suelo sin caminar, avance a pequeños saltos o aparezca en lugares diferentes.

Y aquí las posibilidades se multiplican.

Puedes utilizar el cuerpo de una manera muy distinta a como lo harías en una grabación convencional.

Incluso una acción tan sencilla como sentarte en una silla puede convertirse en algo bastante extraño si decides animarla fotograma a fotograma.

¿Qué necesitas para hacer un stop motion con el móvil?

Para empezar, necesitas muy poco:

  • Un móvil con cámara. No tiene que ser el último modelo.

  • Una aplicación de stop motion. Por ejemplo, Stop Motion Studio.

  • Un trípode o soporte estable. Es importante que la cámara permanezca en el mismo lugar durante toda la secuencia.

  • Una superficie de trabajo. Puede ser una mesa, el suelo o cualquier espacio donde puedas preparar tu escena.

  • Los objetos que quieras animar. Empieza con uno o dos.

  • Una iluminación relativamente constante. Así evitarás que la imagen cambie de luminosidad entre fotografías.

También te recomendaría reservar un momento para experimentar sin demasiada prisa.

El stop motion tiene una relación bastante particular con el tiempo.

Puedes dedicar veinte minutos a preparar una secuencia que después dura tres segundos.

Es parte del proceso.

Y quizá una de las razones por las que resulta tan interesante: acabas prestando atención a pequeños movimientos que normalmente ni siquiera observarías.

Cómo hacer un stop motion con el móvil paso a paso

Vamos a empezar con una animación muy sencilla.

Un lápiz va a desplazarse por una mesa sin que nadie lo toque.

No parece el argumento del siglo, pero nos servirá para entender el proceso. Después puedes decidir si el lápiz tiene otras aspiraciones narrativas.

Paso 1. Prepara tu escena

Coloca el lápiz sobre una mesa despejada.

Decide desde dónde quieres que empiece a moverse y hasta dónde llegará.

No hace falta dibujar un storyboard completo para una acción tan sencilla, pero sí conviene tener una idea del recorrido.

Observa también el fondo.

¿Quieres que solo aparezca el lápiz? ¿Te interesa que se vean otros objetos? ¿Hay algo que pueda distraer?

Puedes preparar una composición muy limpia o utilizar los elementos que ya forman parte de tu espacio de trabajo.

Lo importante es que sepas qué quieres mostrar.

Paso 2. Coloca el móvil y fija el encuadre

Para animar un objeto sobre una mesa, suele funcionar muy bien colocar el móvil encima y grabar desde arriba.

También puedes situarlo lateralmente si quieres mostrar el volumen del objeto o la profundidad del espacio.

Prueba ambas posiciones antes de empezar.

Una vez elegida, fija bien el móvil.

La cámara debe permanecer estable entre fotografías, salvo que quieras animar deliberadamente su posición.

Si se desplaza accidentalmente, el encuadre cambiará y puede producir saltos en la animación.

Puedes utilizar un trípode o cualquier soporte que mantenga el teléfono seguro.

Y procura no apoyarte en la mesa durante las fotografías si eso hace que todo el montaje se mueva.

Paso 3. Prepara la iluminación

Busca una fuente de luz que se mantenga relativamente constante durante la secuencia.

Puedes utilizar luz natural, aunque debes tener en cuenta que cambia con el paso del tiempo.

Si una nube tapa el sol a mitad de la animación, puede aparecer una variación de luminosidad bastante evidente al reproducir las fotografías.

En una escena controlada, una lámpara o una luz artificial estable puede resultar más práctica.

También te recomiendo evitar que tu propia sombra entre y salga de la imagen mientras mueves los objetos.

Y, si tu aplicación lo permite, bloquea el enfoque, la exposición y el balance de blancos para evitar cambios automáticos entre fotografías.

Paso 4. Abre tu aplicación de stop motion

Para este ejemplo puedes utilizar Stop Motion Studio, una aplicación diseñada para crear animaciones fotograma a fotograma.

Abre un proyecto nuevo y comprueba que la cámara muestra correctamente tu escena.

Una función muy útil es el papel cebolla u onion skin.

Permite ver una versión semitransparente de la fotografía anterior mientras preparas la siguiente.

Así puedes comparar posiciones y controlar cuánto se ha movido el objeto.

Es especialmente práctico cuando quieres conseguir movimientos suaves o necesitas mantener una continuidad precisa.

Paso 5. Empieza a fotografiar

Ahora viene la parte entretenida.

Haz una primera fotografía con el lápiz en su posición inicial.

Después desplázalo unos milímetros.

Haz otra fotografía.

Vuelve a moverlo.

Otra fotografía.

Y así sucesivamente.

Intenta mantener una distancia relativamente regular entre posiciones si buscas un movimiento uniforme.

Pero también puedes experimentar.

Por ejemplo, haz que el lápiz avance muy poquito durante las primeras fotografías y después aumenta progresivamente la distancia entre posiciones.

Al reproducir la secuencia, parecerá que está acelerando.

Si haces lo contrario, conseguirás una desaceleración.

Es una manera muy sencilla de empezar a trabajar con el ritmo.

Paso 6. Ajusta la velocidad de la animación

Una vez tengas varias fotografías, reprodúcelas dentro de la aplicación.

Seguramente te sorprenda lo rápido que ocurre todo.

La velocidad de reproducción se mide en fotogramas por segundo, o FPS.

Si configuras tu animación a 12 FPS, se reproducirán 12 imágenes por segundo.

Eso significa que para crear una animación de cinco segundos necesitarás unas 60 fotografías.

Puedes empezar con velocidades más bajas para hacer pruebas y después aumentar el número de fotografías si buscas mayor fluidez.

Pero no te obsesiones con que todos los movimientos parezcan perfectos.

Hay animaciones que funcionan precisamente por su movimiento entrecortado.

Depende de la sensación que quieras construir.

Paso 7. Revisa y exporta tu animación

Cuando termines, reproduce la secuencia completa.

Observa cómo se mueve el lápiz.

¿Avanza demasiado rápido?

¿Hay algún salto que no habías previsto?

¿El movimiento termina donde querías?

Puedes corregir fotografías, modificar la velocidad o ajustar la duración antes de exportar.

También puedes incorporar sonido.

Por ejemplo, añadir un pequeño ruido cada vez que el lápiz avanza puede hacer que su movimiento resulte más físico o incluso cómico.

Y un sonido inesperado puede cambiar completamente la escena.

Cuando estés satisfecha con el resultado, exporta tu animación como vídeo.

Ya tienes tu primer stop motion hecho con el móvil.

Vídeo tutorial: cómo hacer un stop motion con objetos cotidianos

Hace unos años grabé un tutorial para enseñar esta técnica utilizando objetos de mi mesa de trabajo.

He querido recuperarlo porque muestra el proceso de manera sencilla y sigue siendo perfectamente útil para entender cómo funciona una animación fotograma a fotograma.

Hay una pequeña actualización técnica: en aquel vídeo utilizaba una aplicación llamada Motion. Hoy te recomiendo utilizar una alternativa como Stop Motion Studio, por lo que la interfaz que verás en el tutorial puede ser diferente.

Pero la lógica sigue siendo exactamente la misma.

Preparas una escena, haces una fotografía, modificas algo y vuelves a fotografiar.

Y repites.

Y repites.

Hasta que unas cuantas fotografías empiezan a parecerse a una pequeña película.

¿Qué diferencia hay entre stop motion y time lapse?

Es bastante habitual confundir estas dos técnicas porque ambas pueden trabajar con secuencias de fotografías.

Pero producen resultados diferentes.

En un time lapse registramos un proceso que ocurre con el paso del tiempo y lo reproducimos a mayor velocidad.

Por ejemplo, fotografiar una planta durante varios días para mostrar su crecimiento en pocos segundos.

O grabar el movimiento de las nubes durante toda una tarde y comprimirlo en una secuencia breve.

En el stop motion, construimos el movimiento modificando la escena entre fotografías.

Si una planta parece caminar por una mesa porque la hemos desplazado un poquito después de cada imagen, estamos haciendo stop motion.

Una planta caminando por la mesa puede ser un proyecto audiovisual perfectamente razonable, por cierto.

La diferencia está principalmente en cómo se genera el movimiento.

En un caso registramos una transformación que sucede en el tiempo. En el otro, construimos esa transformación fotograma a fotograma.

Algunos consejos para tus primeras animaciones

Después de hacer unas cuantas pruebas, hay algunas cosas que te ayudarán a trabajar con mayor comodidad.

Empieza con movimientos sencillos. Un objeto que entra en escena, se desplaza y desaparece puede ser suficiente. No hace falta comenzar con una coreografía de veinte elementos.

Evita mover accidentalmente la cámara. Especialmente si estás trabajando con un encuadre fijo. Comprueba que el soporte no se desplaza cuando manipulas los objetos.

Observa cuánto cambia cada fotografía. Pequeños desplazamientos suelen generar movimientos más fluidos, pero también puedes utilizar cambios bruscos deliberadamente.

Controla la iluminación. Una luz constante facilita la continuidad visual. Aunque las variaciones también pueden utilizarse como recurso creativo si forman parte de la idea.

Piensa en el inicio y el final. Incluso una animación de tres segundos puede tener una pequeña progresión. Algo aparece, ocurre una acción y la escena cambia.

Y un último consejo: antes de intentar una animación larga, haz una prueba de unos pocos segundos.

Te permitirá comprobar si el movimiento funciona y corregir lo que necesites sin repetir decenas de fotografías.

Cuando los objetos empiezan a tener personalidad

Una de las cosas que más me gustan del stop motion es que permite contar historias sin necesidad de que aparezca nadie.

Puedes construir una escena completa con una taza, dos hojas de papel y unas tijeras.

Y, dependiendo de cómo se muevan esos objetos, podemos empezar a interpretar intenciones.

Imagina dos lápices colocados uno frente al otro.

Uno avanza lentamente hacia el segundo.

El otro retrocede.

El primero vuelve a acercarse.

De repente, tenemos algo parecido a una conversación.

No hemos utilizado palabras, expresiones faciales ni personajes elaborados.

Solo distancia, movimiento y ritmo.

Y eso abre muchas posibilidades para crear pequeñas historias visuales, experimentar con el humor o explorar relaciones entre elementos.

Puedes utilizar stop motion en una pieza de marca personal, en un proyecto artístico o simplemente para investigar qué ocurre cuando empiezas a mover cosas por una mesa y a fotografiarlas.

A veces tendrás una idea clara antes de empezar.

Otras veces, mientras pruebas movimientos, aparecerá una relación entre objetos que no habías imaginado.

También me interesa esa parte del proceso.

La de descubrir algo mientras lo estás haciendo.

Una pequeña prueba para empezar

Si te apetece experimentar, elige tres objetos que tengas cerca.

Colócalos sobre una mesa y decide qué relación podrían tener entre ellos.

Quizá uno intenta escapar.

Quizá los tres quieren ocupar el mismo lugar.

Quizá un objeto se empeña en colocarse en el centro y los demás lo expulsan continuamente.

Puedes empezar con una situación bastante absurda. De hecho, suele ser un buen lugar para empezar.

Prepara el móvil, haz unas cuantas fotografías y observa qué ocurre al reproducirlas.

Después cambia algo: la velocidad, la distancia entre los objetos o el orden de sus movimientos.

Con muy pocos elementos puedes conseguir resultados completamente diferentes.

Y quién sabe.

Quizá acabes descubriendo que el objeto más dramático de tu casa es una grapadora.