Imagina que estás viendo un vídeo de una creadora a la que sigues desde hace tiempo.
Todavía no ha aparecido su nombre. Tampoco su logotipo.
Pero hay algo en la manera de empezar, en cómo utiliza la cámara o en el ritmo de las imágenes que hace que la reconozcas.
Quizá sea su forma de contar las cosas. O la relación entre su voz y lo que está mostrando. Puede que ni siquiera sepas explicar exactamente qué es.
Y, sin embargo, sabes que ese vídeo es suyo.
Me interesa mucho esa capacidad que tiene el lenguaje audiovisual para construir reconocimiento. Especialmente porque solemos asociar la identidad de marca con elementos bastante más evidentes: un logotipo, una tipografía, unos colores determinados.
Todos esos recursos pueden formar parte de tus vídeos, por supuesto. Pero cuando una marca empieza a comunicarse audiovisualmente, entran en juego muchas otras decisiones.
Hace años grabé un tutorial explicando qué era el video branding y cómo aplicar los elementos gráficos de una marca a sus vídeos.
Hoy sigo utilizando aquellos recursos, aunque mi manera de abordar el tema se ha ampliado bastante.
Así que he decidido recuperar ese vídeo y aprovechar para explorar cómo podemos trasladar la identidad de una marca personal al lenguaje audiovisual, desde las cabeceras y los rótulos hasta la presencia, el ritmo y la forma de contar.
¿Qué es el video branding?
El video branding consiste en utilizar el vídeo como parte de la construcción y expresión de una marca.
Esto incluye aplicar su identidad visual a los contenidos audiovisuales, pero también decidir cómo queremos que esa marca se exprese a través de las imágenes, el sonido, la narrativa o la presencia de las personas que aparecen en pantalla.
Piensa, por ejemplo, en una marca que utiliza una tipografía muy característica.
Cuando empieza a publicar vídeos, puede incorporar esa tipografía a sus rótulos, títulos o elementos gráficos.
Es una forma sencilla de mantener continuidad visual entre sus diferentes canales.
Pero hay más decisiones posibles.
¿Cómo aparecen esos textos? ¿Permanecen quietos o se mueven? ¿Qué ritmo tienen las transiciones? ¿Qué relación existe entre las imágenes y la voz?
Incluso dos vídeos que utilizan exactamente los mismos colores y tipografías pueden transmitir sensaciones completamente diferentes dependiendo de cómo estén construidos.
Y en las marcas personales ocurre algo especialmente interesante: la persona también forma parte de ese lenguaje.
Su manera de hablar, de observar, de relacionarse con el espacio o de explicar su trabajo introduce una dimensión que difícilmente podemos resolver con un manual de identidad gráfica.
¿Por qué es importante el video branding para tu marca personal?
Cuando llevas tiempo creando contenido, es habitual que vayas desarrollando determinadas maneras de grabar y editar.
Quizá tienes un encuadre al que recurres con frecuencia. Una forma de introducir tus vídeos. Un tipo de montaje con el que te sientes cómoda.
Algunas decisiones las has elegido después de probar distintas alternativas. Otras las has incorporado casi sin darte cuenta.
Y puede que todas estén funcionando perfectamente.
Lo interesante es observar qué relación tienen con tu marca.
Imagina que eres una profesional que trabaja con materiales y procesos manuales.
Podrías grabarte explicando directamente a cámara cómo desarrollas tus proyectos.
Pero también podrías mostrar cómo manipulas esos materiales, qué detalles observas o cómo vas tomando decisiones durante el proceso.
La segunda opción introduce información que quizá no aparecería en una explicación verbal: tus gestos, tu manera de trabajar, la relación que tienes con los objetos.
Ninguna de las dos opciones es necesariamente mejor.
Lo que cambia es la experiencia que construyes alrededor de tu trabajo.
Y eso es lo que me interesa del video branding: que las decisiones audiovisuales puedan formar parte de cómo una marca se expresa y es percibida.
Además, cuando desarrollas criterios propios, resulta más sencillo crear nuevos vídeos sin tener que replantearte absolutamente todas las decisiones desde cero.
Cinco recursos para aplicar tu identidad de marca a los vídeos
Vamos primero con la parte más gráfica.
Estos son algunos de los recursos que explicaba en mi tutorial original y que siguen siendo útiles para dar continuidad visual a tus contenidos.
1. Introducciones y cabeceras
Hubo una época en la que parecía que cualquier vídeo de YouTube necesitaba una cabecera animada.
Un logotipo entrando en pantalla, una música reconocible, alguna transición más o menos espectacular…
Y después, por fin, empezaba el vídeo.
Las cabeceras pueden seguir siendo útiles, especialmente si tienes una serie o un formato recurrente que quieres identificar.
Pero ahora también podemos plantearnos otras formas de empezar.
Por ejemplo, imagina una serie de vídeos donde compartes pequeñas observaciones sobre tu trabajo.
Podrías comenzar siempre con una animación gráfica.
O podrías utilizar una misma lógica narrativa: entrar directamente en una escena, mostrar primero un detalle y dejar que la explicación aparezca unos segundos después.
Ambas decisiones pueden generar reconocimiento, aunque lo hacen de maneras distintas.
Antes de diseñar una cabecera, yo me preguntaría qué función va a cumplir.
Quizá necesitas identificar una sección concreta.
O quizá el propio comienzo del contenido ya está construyendo esa identidad.
2. Cierres de vídeo
Con los finales ocurre algo parecido.
Puedes utilizar una pantalla con tu logotipo, incluir enlaces a otros contenidos o invitar a realizar una acción.
Son recursos útiles, sobre todo cuando existe una intención concreta.
Pero el final también puede construirse desde la propia narración.
Imagina un vídeo en el que estás mostrando cómo desarrollas un proyecto.
Podrías terminar explicando el resultado, mostrando una última imagen del proceso o dejando que escuchemos el sonido de la herramienta con la que has estado trabajando.
Cada cierre genera una experiencia diferente.
Y no todos los vídeos necesitan terminar con una despedida mirando a cámara.
Me gusta pensar en el final como una decisión que merece tanta atención como el principio.
Es el último momento que compartimos con quien está viendo la pieza.
¿Qué queremos que permanezca después?
3. Rótulos y textos sobreimpresos
Los rótulos son uno de los lugares más evidentes donde trasladar la identidad gráfica de una marca.
Podemos utilizar sus tipografías, colores y composiciones para presentar nombres, incorporar información o destacar determinadas ideas.
Hasta aquí, diseño gráfico aplicado al vídeo.
Pero hay algo más.
Los textos también tienen tiempo.
Pueden entrar lentamente, aparecer de golpe, acompañar un movimiento o permanecer en pantalla mientras la imagen cambia.
Imagina que quieres mostrar una frase importante.
Puedes colocarla en el centro de la pantalla durante tres segundos.
O puedes hacer que aparezca palabra por palabra.
Incluso puedes decidir que el texto llegue después de escuchar la frase, creando una pequeña pausa entre lo que oímos y lo que leemos.
La información puede ser exactamente la misma.
Lo que cambia es cómo la experimentamos.
Por eso, al diseñar los rótulos de una marca, también merece la pena pensar en su movimiento, duración y relación con el resto de la imagen.
Y algo que conviene recordar: los textos no necesitan aparecer constantemente.
A veces, una imagen se entiende perfectamente sin que tengamos que añadirle una explicación encima.
4. Miniaturas de vídeo
Las miniaturas tienen una función particular porque aparecen antes de que alguien reproduzca el contenido.
Son una primera impresión.
Y aquí encontramos otra oportunidad para aplicar el branding.
Puedes utilizar una composición reconocible, una manera determinada de trabajar las fotografías o una tipografía que ya forme parte de tu universo visual.
Pero la coherencia no tiene por qué depender de utilizar siempre la misma plantilla.
Piensa en una creadora cuyos vídeos se reconocen por la manera de fotografiar objetos, por sus composiciones o por cierto tratamiento de la imagen.
Puede variar los colores y los elementos gráficos sin perder necesariamente ese reconocimiento.
También es importante que la miniatura represente el contenido real del vídeo.
Porque podemos diseñar una imagen visualmente impecable que prometa una experiencia completamente diferente de la que después encontrará quien haga clic.
Y ahí la marca también está comunicando algo, aunque quizá no sea lo que pretendíamos.
5. Transiciones y recursos de montaje
Las transiciones son otro recurso habitual del video branding.
Puedes utilizarlas para separar secciones, indicar cambios de tema o construir una continuidad entre diferentes escenas.
Pero no hace falta que cada cambio de plano lleve una animación.
De hecho, muchas veces un corte directo funciona perfectamente.
Imagínate que estás mostrando dos momentos de un proceso.
Podrías unirlos con una transición elaborada.
O podrías hacer coincidir un movimiento entre los dos planos, de manera que una acción parezca continuar en la siguiente imagen.
También puedes utilizar el sonido para conectar escenas, incluso antes de que cambie la imagen.
Todas estas decisiones forman parte del montaje.
Y el montaje tiene muchísimo que decir sobre el ritmo y la manera de contar de una marca.
Personalmente, me interesa más encontrar una lógica que tenga sentido para cada pieza que elegir un efecto y utilizarlo constantemente para conseguir reconocimiento.
El vídeo original: cómo aplicar el branding a tus contenidos audiovisuales
En este tutorial explicaba cómo utilizar elementos gráficos para trasladar la identidad de una marca a sus vídeos.
Lo grabé durante una etapa de mi trayectoria más centrada en enseñar herramientas y técnicas de producción audiovisual.
He querido conservarlo porque los recursos que explico siguen siendo útiles, especialmente si estás empezando a organizar la parte gráfica de tus contenidos.
Eso sí, hoy ampliaría aquella explicación con algunas decisiones que no siempre aparecen dentro del branding tradicional.
Y son precisamente las que vamos a explorar a continuación.
Hay decisiones de marca que no aparecen en un manual de identidad visual
Imagina que cogemos una misma idea y se la damos a tres profesionales diferentes.
Les pedimos que graben un vídeo explicándola.
Las tres podrían utilizar una iluminación correcta, un encuadre cuidado y una edición profesional.
Pero probablemente los resultados serían distintos.
Una podría explicarla mirando directamente a cámara.
Otra podría utilizar imágenes de su proceso y una voz en off.
Y una tercera podría construir una pequeña escena que nos permitiera comprender la idea antes de escuchar una sola palabra.
La diferencia no estaría necesariamente en el nivel técnico de los vídeos.
Estaría en las decisiones creativas que cada persona ha tomado para contar lo mismo.
Aquí entramos en un territorio que me interesa especialmente: cómo se expresa una mirada a través del lenguaje audiovisual.
La presencia también comunica
Cuando apareces delante de la cámara, hay muchas cosas que forman parte de tu comunicación.
Tu voz, tus gestos, la manera en que ocupas el espacio o la relación que estableces con el objetivo.
Y esas decisiones pueden explorarse.
Por ejemplo, quizá grabarte sentada frente a cámara sea una forma estupenda de desarrollar determinadas reflexiones.
Pero para explicar cómo trabajas, puede que te interese aparecer manipulando materiales o desplazándote por tu estudio.
Incluso puedes decidir no aparecer en algunos vídeos.
La presencia audiovisual ofrece muchas posibilidades y puede evolucionar contigo.
El encuadre cambia nuestra relación con lo que vemos
La distancia de la cámara también influye en cómo percibimos a una persona.
Un primer plano puede concentrar la atención en sus expresiones.
Un encuadre más abierto permite observar cómo se relaciona con el espacio.
Y una cámara colocada detrás de alguien puede hacernos sentir que estamos presenciando una situación en lugar de recibir una explicación directa.
Son posibilidades que podemos utilizar de formas muy diferentes.
Lo interesante es aprender a reconocer qué produce cada una y cuándo queremos utilizarla.
El ritmo puede ser reconocible sin ser siempre el mismo
Hay personas a las que reconoces por su manera de hablar.
Por las pausas que hacen, por cómo introducen una idea o por el tiempo que se toman antes de responder.
En vídeo ocurre algo parecido.
El ritmo se construye a través de la interpretación, la duración de los planos, los cortes, los movimientos y el sonido.
Y puede tener una relación muy estrecha con la manera de pensar y comunicar de una persona.
Esto no significa que una marca deba utilizar siempre vídeos pausados o siempre montajes rápidos.
Puede variar muchísimo dependiendo de lo que esté contando.
Pero sí podemos empezar a observar qué decisiones tienen sentido para su manera de expresarse.
El sonido también forma parte de la identidad
A veces prestamos tanta atención a la imagen que el sonido acaba siendo una decisión de última hora.
Buscamos una música, ajustamos el volumen y seguimos adelante.
Pero piensa en cuánto puede cambiar una escena dependiendo de lo que escuchamos.
El sonido de una habitación.
Un objeto que cae.
Una respiración.
Una pausa antes de responder.
La misma imagen puede resultar cercana, extraña o incluso cómica según el tratamiento sonoro que elijamos.
Y esto abre posibilidades que van mucho más allá de utilizar una misma música en todos nuestros vídeos.
¿Qué diferencia hay entre video branding e identidad audiovisual?
Son conceptos relacionados y, en la práctica, pueden solaparse.
El video branding aborda cómo utilizamos el vídeo para construir, comunicar y reforzar una marca.
La identidad audiovisual se centra en el lenguaje que esa marca va desarrollando a través de sus decisiones visuales, sonoras, narrativas y expresivas.
Por ejemplo, utilizar los colores de tu marca en los subtítulos puede ser una decisión de video branding.
Pero también puedes preguntarte cómo quieres que esos subtítulos aparezcan, cómo se relacionan con tu voz y si realmente necesitas utilizarlos de esa manera.
O quizá tengas una manera característica de observar los detalles de tu trabajo y decidas explorar cómo trasladarla a tus vídeos.
Ahí estás desarrollando tu lenguaje audiovisual.
Lo interesante es que ese lenguaje puede seguir evolucionando.
Puedes probar nuevos formatos, cambiar tu relación con la cámara o descubrir recursos de montaje que antes no utilizabas.
Y mantener una identidad reconocible sin convertir cada pieza en una repetición de la anterior.
Si quieres profundizar en este tema, tengo otro artículo dedicado a qué es la identidad audiovisual de una marca personal y cómo construirla.
Un ejercicio para observar el video branding de tu marca
Si ya llevas tiempo creando contenido en vídeo, te propongo algo.
Elige tres vídeos que hayas publicado en momentos diferentes.
No hace falta que sean tus mejores trabajos ni los que hayan conseguido más visualizaciones.
De hecho, puede resultar más interesante elegir vídeos que representen distintas etapas de tu comunicación.
Míralos primero sin sonido.
Observa cómo apareces, qué encuadres utilizas, cómo se organizan las imágenes y qué elementos gráficos se repiten.
Después vuelve a reproducirlos escuchando únicamente el audio, sin mirar la pantalla.
Fíjate en tu voz, las pausas, la música y la manera en que se suceden las ideas.
Y por último, míralos completos.
Puede que descubras decisiones que repites desde hace tiempo porque te funcionan.
O que ciertas maneras de grabar pertenecen a una etapa anterior de tu marca.
Quizá encuentres algo que no habías identificado como parte de tu lenguaje y que te gustaría seguir explorando.
La idea es observar antes de cambiar nada.
A partir de ahí, puedes elegir una sola decisión y probar otra posibilidad en tu próximo vídeo.
Por ejemplo, mantener el mismo tema y la misma voz, pero modificar la relación entre imagen y sonido.
O grabar una explicación desde dos distancias diferentes.
Después compara los resultados.
No tienes por qué quedarte con la versión nueva. Quizá prefieras la anterior.
Pero habrás ampliado tus posibilidades y tendrás más información para elegir.
Tu marca también se construye en cómo decides contar
Cuando pensamos en aplicar el branding a nuestros vídeos, es bastante natural empezar por lo que ya tenemos definido: colores, tipografías, logotipo y otros recursos gráficos.
Son herramientas útiles y pueden ayudarnos a construir continuidad visual.
Pero me parece especialmente interesante lo que ocurre cuando empezamos a prestar atención a decisiones menos evidentes.
La distancia desde la que grabamos.
El tiempo que dejamos una imagen en pantalla.
Lo que decidimos mostrar mientras hablamos.
La relación entre nuestra voz y el espacio.
Con el tiempo, todas esas decisiones pueden empezar a formar parte de una manera reconocible de comunicar.
Y lo curioso es que muchas veces ese lenguaje ya está apareciendo en los vídeos que hacemos, aunque todavía no lo hayamos observado con suficiente atención.
Por eso me gusta empezar revisando lo que una persona ya ha construido: su experiencia, sus referencias, sus intereses y las decisiones que toma al crear.
A partir de ahí podemos experimentar con otras formas de grabar, editar y contar, y desarrollar criterios que tengan sentido para su marca.
Es precisamente el trabajo que realizo en mi acompañamiento Rediseño de Identidad Audiovisual 1:1, dirigido a mujeres profesionales y creativas que ya comunican en vídeo y quieren desarrollar una dirección audiovisual propia.
Porque una marca puede seguir evolucionando. Y su forma de mostrarse también.